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LA HUERTA FUNCIONA EN EL HIPÓDROMO DE SAN ISIDRO

Los Huerteros se reúnen a vivir la integración con respeto

El programa Pro Huerta busca unir a jóvenes con y sin discapacidades para que trabajen en el cuidado de la tierra. Todos colaboran por igual y aprenden a dejar las diferencias de lado.

Depende de las capacidades de cada joven le dan una tarea distinta para cada jornada (A.C.).

“Todo lo que aprenden es por medio de la práctica; este lugar no tiene salón, pizarrón, ni sillas, para que los jóvenes pongan manos a la obra”, dijo Ignacio Floridi, director del programa Pro Huerta. En este espacio enseñan sobre el diseño y mantenimiento de huertas a personas con discapacidades o sin ellas. Después de un año, les otorgan el título de Promotor Pro Huerta con la colaboración del Municipio de San Isidro y el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria).

Se reúnen todos los martes y jueves, el primer día es el más concurrido. Los cursos duran una hora y pasan distintos grupos de 9 a 12. La entrada está en Márquez al 700, luego una calle arbolada conduce al vivero y un cartel verde que dice “Jardinería” indica el lugar. Desde acá se percibe un ambiente de trabajo de tierra: hay tomates, rábanos, zanahorias y otras verduras.

A las 9 ya están los primeros diez huerteros reunidos alrededor de una mesa hecha de paliets esperando las indicaciones de Ignacio. Les da un pequeño recorrido por la huerta para mostrar las tareas: hacer nuevos canteros, sacar la planta de tomates y alimentar la mandioca. El lugar se llenó de un olor relajante que venía de la planta de lavanda. Unos pasos más adelante el olor cambió a albahaca y Floridi dio de probar a todos los voluntarios. Al terminar el recorrido Ignacio separó las tareas a cada uno y después trabajaron todos.

En este primer grupo estaba Débora; dijo que trabajar con jóvenes con discapacidad genera un ambiente de mucho respeto y que todos se ayudan entre sí, dejando las discapacidades de lado. Además, explicó que Floridi prefiere tener a todos los chicos con discapacidades en grupos más tarde para poder focalizarse completamente en ellos.

Era la segunda vez que Ricardo iba a trabajar a la huerta dijo: “me gusta mucho el ambiente y me tratan muy bien. Me gustaría volver a las próximas clases”. Estaba tan satisfecho con lo que hacía que decidió quedarse media hora más esperando a que Ignacio se desocupara para poder anotarlo en la planilla de voluntarios.

Una hora después llegó un grupo de 15 chicos con discapacidades, todos saludaban a Ignacio con mucha alegría y le decían profe. El trabajo de la huerta es sincrónico, los grupos continúan y terminan con lo que hicieron los grupos anteriores. Esperaron unos minutos hasta que el primer grupo terminó de firmar una planilla para poder irse. El coordinador les dijo que hoy iban a limpiar la tierra y sacarle los plásticos y hojas. Todos estos huerteros se conocían entre sí y hacían muchas bromas entre ellos, uno les gritaba: “¡No quiero ver ni un solo plástico en la tierra eh!”, y los demás se reían mientras trabajaban con sus guantes blancos.

En este programa solo diez huerteros tienen un sueldo fijo, entre 400 a 2500 pesos al mes dependiendo de la cantidad de horas que trabajen.  Estos tienen título de Promotores de Pro Huerta y trabajan en la huerta del área laboral en el bajo de Martínez, Puerto Libre. También hacen trabajos de huertas a domicilio, capacitan empresas en temas relacionados al medio ambiente y la creación de huertas orgánicas.

El tipo de discapacidad con el que se trabaja en únicamente intelectual; no puede ser automotora porque se necesita cierta facilidad para el manejo de herramientas, agarrar semillas, sembrarlas, y más.

Este programa empezó hace cinco años cuando Ignacio, promotor de Pro Huerta y consultor psicológico, le presentó la idea al Municipio. Cuenta que al principio costó un poco pero ahora el programa tiene cuatro huertas, unos dos mil metros cuadrados en total, completamente financiados por la Secretaría de Integración Comunitaria.

El director de la huerta no paraba de repetir que si hay algo que los huerteros tienen muy presente es la integración; creen firmemente que hay que mezclar jóvenes con discapacidades y sin discapacidades para que los valores que se generan en la huerta tengan mejor resultado.